2.12.13

Pronuncio peras

Nunca te acerques a hombres de peras pronunciadas: huelen bien, parecen buenos, sus orejas tienen aroma a caramelo y flores orientales. No mires sus maxilares, su quijada, su boca, porque estarás perdida. Si hueles alguna de estas características, corre hacia el lobo más próximo, pídele una bala de plata y termina con tu vida.

Blancanieves y los siete enanos

Seis de nosotros confían en Blancanieves; el resto pelea por su vida.

Caperucita Roja y abuelita

Mi abuela come lobos: en matambre, en sándwich, en guisos, en sopas, en tortillas, en tartas, en brochettes, en escabeche, en conservas. Yo soy su cómplice en las cacerías, pero ya me estoy empezando a aburrir. El otro día me encariñé con un lobito. Me di cuenta de que no me hubiera hecho nada malo; simplemente me siguió porque se sentía solo. Mi abuela es una desalmada. Me arma el cesto con una tranquilidad que me exaspera, como si fuera mi obligación, hasta la eternidad, ayudarla a conseguir sus –vamos a llamarlos así- refrigerios. Además cada día está más insaciable. Al principio esperaba a cocinarlos para hincarles el diente. Ahora no aguanta y se toma un poco de sangre en una copa, y recién ahí junta fuerzas para cocinarlos, marinarlos o especiarlos. Estoy en el extremo más alejado de la cocina y aún siento el olor de las entrañas cocidas del pobre animal. Menú de hoy: lomo de lobo.
Primero pensé que amaba mis tobillos, luego mis pies. Con el tiempo me di cuenta de que sólo quería mis zapatos. No, príncipe, no te los voy a dar. Te quedaste con aquel zapatito de marfil que con tanto esmero hizo mi hada madrina. Hasta mataste a un pobre ratoncito-chofer del carruaje para robarlo. Tendrás que conseguir tu propio par de zapatos.
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